Cómo daña el tabaco a tu cuerpo
Cómo afecta el tabaco a cada sistema del cuerpo —pulmones, corazón, cerebro, piel, defensas— y qué cambia en cada uno cuando lo dejas.
El humo del tabaco contiene más de 7.000 sustancias químicas, entre ellas al menos 69 cancerígenos conocidos (National Cancer Institute; los CDC dicen que al menos 70). Entender qué hacen de verdad esas sustancias —a nivel de las células y de los órganos— no busca asustarte para que lo dejes. Busca darte una imagen exacta de a qué se enfrenta tu cuerpo y de lo que es capaz de reparar.
El daño que causa el tabaco no es igual en todos los sistemas del cuerpo. Algunos efectos son agudos y se revierten rápido al dejarlo. Otros se acumulan durante décadas y tardan años en deshacerse. Algunas reducciones del riesgo son rápidas: el exceso de riesgo de enfermedad cardiaca baja a la mitad del de una persona fumadora en algún momento entre uno y seis años, según el organismo que leas. Otras, como el riesgo de cáncer de pulmón, bajan más despacio, pero aun así de forma importante a lo largo de más de 10 años.
El sistema cardiovascular
La nicotina sube la frecuencia cardiaca y la presión arterial con cada cigarrillo. El monóxido de carbono de la combustión se une a la hemoglobina con una facilidad unas 245 veces mayor que el oxígeno, y eso reduce la capacidad de tu sangre para transportar oxígeno. Con el tiempo, fumar acelera la aterosclerosis —la acumulación de placa en las paredes de las arterias— y aumenta la probabilidad de coágulos. Fumar es una de las principales causas de la enfermedad coronaria y del ictus.
La buena noticia: el NHS dice que tu pulso empieza a volver a la normalidad a los 20 minutos de tu último cigarrillo, y el monóxido de carbono sale de tu sangre en las horas o los días siguientes. El exceso de riesgo de enfermedad cardiaca baja a la mitad del de una persona que sigue fumando, aunque las fuentes no coinciden en cuándo: el NHS, la OMS y la American Lung Association dicen que al año, el informe de 2020 del Surgeon General lo estima en cuatro a cinco años y los CDC, en tres a seis. A los 15 años, el riesgo de enfermedad coronaria se acerca al de alguien que nunca ha fumado.
El sistema respiratorio
El humo del tabaco paraliza los cilios, las diminutas estructuras parecidas a pelos que recubren las vías respiratorias y barren los restos, las bacterias y la mucosidad fuera de los pulmones. Sin unos cilios que funcionen, los pulmones dependen de la tos, y por eso tosen las personas que fuman. Con el tiempo, la inflamación de las vías respiratorias provoca bronquitis crónica, y la destrucción de las paredes de los alvéolos lleva al enfisema.
El NHS dice que, pasados de 3 a 9 meses, la tos, los pitidos o los problemas para respirar irán mejorando a medida que aumenta la función pulmonar. La limpieza de las vías respiratorias se recupera antes: en un estudio, la velocidad con la que la nariz limpia el moco volvió al rango normal unos 15 días después de dejarlo. El daño ya hecho, como el enfisema, no se revierte, pero dejarlo frena la pérdida posterior.
El cerebro y el sistema nervioso
La nicotina es un agonista potente de los receptores nicotínicos de acetilcolina del cerebro. La exposición crónica hace que el cerebro aumente el número de estos receptores, y eso crea la base física de la adicción. La nicotina también estimula la liberación de dopamina en el núcleo accumbens, el centro de recompensa del cerebro, lo que refuerza la conducta de fumar a nivel neurológico.
Cuando lo dejas, el ánimo bajo y la falta de concentración son frecuentes las primeras semanas; el NHS dice que los síntomas de abstinencia duran de media tres a cuatro semanas. En un estudio de imagen cerebral, los niveles de receptores volvieron a los de una persona no fumadora entre las 6 y las 12 semanas, y otro encontró que la menor capacidad de producir dopamina de las personas fumadoras parecía normalizarse tras tres meses sin fumar.
Qué cubren estos artículos
Los efectos concretos del tabaco sobre cada sistema del cuerpo, los mecanismos detrás de cada tipo de daño y lo que muestra la investigación sobre la trayectoria de la recuperación. Cada artículo enlaza los estudios y los organismos de salud en los que se apoya, y dice dónde no coinciden.